TONI NEGRI EN "LAS HABITACIONES DEL PODER"
2023
fue un año de sensibles pérdidas para el cultivo de las ciencias sociales y las
humanidades críticas: en diciembre próximo se cumplirán dos años de la partida
de Antonio “Toni” Negri. Hablar de Negri es abordar el compromiso de los
intelectuales en el siglo XX, y de la crisis –a ratos perpetua– de la izquierda
y de los esfuerzos por pensar las metamorfosis del sujeto revolucionario
después de la caída del Muro de Berlín.
Negri: la trilogía con Michel Hardt y
su apresamiento en 1979, pero también Negri antes de Negri, esto es, sus
primeras experiencias como profesor universitario y como militante en la década
de 1960, época que los lectores podemos conocer gracias a ese penetrante
documento autobiográfico titulado Historia de un comunista, traducido al
español por Rául Sánchez Cedillo y publicado en 2021 por Tinta Limón.
Nacido en 1933 en Padua, Italia, su itinerario vital está cruzado por procesos históricos imborrables dentro de la memoria colectiva: el año de ascenso del nazismo, la profundización del exilio judío, los ensayos del New Deal y la prolongación del horror bélico. Su niñez transcurrió oyendo las noticias de la Segunda Guerra Mundial y del fascismo, régimen que asesinó a su padre en 1935. Sus estudios universitarios coincidieron con las tentativas de modernización de la sociedad italiana de postguerra, cuya industria recibió el apoyo financiero de los Estados Unidos, interesado en frenar el avance del comunismo proyectado desde Europa oriental. Este es el origen de lo que se conoce como “el milagro económico italiano” de las décadas de 1950 y 1960, que dio origen, en un auténtico giro dialéctico, a un vigoroso movimiento obrero. Fueron los años de apogeo del arte italiano, con producciones cinematográficas que reflejaron las contradicciones del despegue industrial italiano, como Vittorio di Sica en El ladrón de bicicletas (1948) y Federico Fellini en La dulce vida (1960). En cuanto a los partidos políticos y la correlación de fuerzas del periodo, la Democracia Cristiana Italiana concentraba la mayoría del apoyo electoral, que coincidía con la expansión social del Partido Comunista y el Partido Socialista italianos. En esa atmósfera, Negri consiguió insertarse en la década de 1960 en el espacio universitario de Padua, no sin antes padecer la precariedad económica. En paralelo se sumergió en la cultura de izquierdas. Por fortuna, contamos con sus espléndidas memorias editadas en español por Tinta Limón, inteligentemente escritas en segunda persona. Sobre este periodo 1965-1966, el de su contratación universitaria e inquietudes político-intelectuales, Negri rememora el infame espacio universitario paduano. Reproduzco in extenso ese deslizamiento de Negri en las “habitaciones del poder”, un pasadizo que consigue que pasado y presente se toquen en una orilla común:
“La cátedra paduana
es prestigiosa, y Toni la ha conquistado pronto: es el catedrático italiano más
joven, y es bueno –lo reconocen amigos y enemigos–. Fue un examen fácil en
comparación con el de muchos otros: ¿es porque Toni llega entonces a la cátedra
tan radicalizado desde el punto de vista político, tan subversivo? En realidad,
su saber no ha sido evaluado en absoluto, ni tampoco el de los demás
aspirantes: los concursos estaban amañados, la cooptación tenía lugar conforme
a los criterios más groseros. Padeciendo la experiencia del concurso tuvo la
impresión de haber atravesado una experiencia político-patrimonial: se siente
de algún modo insultado por el mecanismo de cooptación: la máquina estaba
enferma; la selección estaba corrompida”.
A sesenta años de
esos recuerdos los “mecanismos de cooptación” se ampliaron. Del acomodador-político
pasamos al acomodador-tecnocrático de los postgrados y las redes de influencia,
esto es, el campo intelectual descrito por Bourdieu. Agrega Negri:
“Toni vivió el nombramiento
como una travesía por las habitaciones del poder. ¿Es normal, no? Toni estaba
convencido de ello: pensaba que había un parentesco entre el poder que manda y
el saber que enseña. La urgencia que le había empujado, además de la alegría de
dedicar la vida al conocimiento, era conseguir un salario, un puesto duradero,
una posibilidad de vida segura: había habido demasiada pobreza y dolor en su
pasado. Pero la travesía por las habitaciones del poder le había asustado: ¿qué
iban a pedirle a cambio? (pp. 313-314)”.
La fuerza empírica
de la historia tuvo la última palabra. El año 1968 marcó un quiebre en la
historia europea y en la de los movimientos emancipatorios, que, a diferencia
de lo ocurrido en otros países de la región desarrollada, en Italia continuaron
acumulando fuerzas hasta las violentas arremetidas de 1979, año en el que Negri
fue condenado a treinta años de prisión. Gabriel Albiac, en la introducción
a Fin de siglo (Negri, 1992, pp. 9-10), indica que las
primeras acusaciones señalaban que Negri se encontraba en un radio cercano a la
calle en la que fue asesinado el primer ministro y dirigente democratacristiano
Aldo Moro; pronto, se demostró que al momento de ocurridos estos hechos Negri
se encontraba, en verdad, en Paris. Los paralelismos con Antonio Gramsci son
visibles. En todo caso, la violencia de la cárcel impone otros tiempos en la
vida cotidiana, y, así como Gramsci, Negri volcó sus energías hacia la
reflexión, la lectura y escritura. En el irregular proceso –un “juicio
kafkiano”, agrega Gabriel Albiac–, Negri es acusado de estar detrás de grupos armados
como Brigadas Rojas, de conspiración, asesinato y de ser el maquinador de las
huelgas del periodo, acusaciones que luego fueron desmentidas. Solo cuatro años
después consiguió la liberación, aprovechando la inmunidad parlamentaria al ser
electo –desde la cárcel– diputado en Italia. Es el inicio de su largo exilio en
Francia y de lo que podríamos interpretar, a la luz de los hechos, esto es, sus
obras y acciones, como la maduración de su producción teórica y militante.
El resto es conocido: un martillazo por partida triple en los esquemas teóricos y conceptuales de la teoría política del siglo XXI con sus libros Imperio (2000) Multitud (2004) y Commonwealth (2009). Para Miguel Urrutia Fernández, el pensamiento de la “Autonomía Obrera Italiana” está hermanado con la teorización sobre el Poder Popular de la izquierda revolucionaria chilena (Hardt y Negri, 2008, p. 8), en tanto que el “obrero social” de Negri encuentra notables paralelismos en el sistema laboral creado por el neoliberalismo chileno: cierre de fábricas, desactivación de la cultura minera y textil en la región del Biobío. Como Negri, habría que recuperar el movimiento del teórico kamikaze: vigilar la estructura que entrará a Troya, para una vez adentro sacudirse la armadura. Desde esta revista digital, a casi dos años de su fallecimiento, recordamos a esa joven lumbrera subversiva que recorrió las “habitaciones del poder” y sufrió las consecuencias: pese a ello, o tal vez por eso mismo, continuó creyendo en la utopía.
Bibliografía
Michael Hardt y Antonio Negri, La multitud y la guerra, Santiago, Editorial Lom, 2008.
Antonio Negri, Historia de un comunista, Buenos Aires, Editorial Tinta Limón, 2021.
Antonio Negri, Fin de siglo, Barcelona, Editorial Paidós, 1992.
Toni Negri (1933-2023). Fue un filósofo italiano y militante de la izquierda italiana. Autor de numerosos libros de filosofía política, contribuyó a renovar las categorizaciones marxistas en el marco de la globalización y el ascenso del neoliberalismo.
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